jueves 7 de junio de 2007
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Después de largas jornadas heladas en Salta Capital (y en todo el país) debido a la ola de frío polar, desde hace unos días tenemos unas hermosas tardes soleadas con temperatura agradable. Hoy es una de esas tardes que invita a pasarlo bien con las cosas que a uno le gusta hacer. Y es en este preciso momento que me dispongo a reiniciar el contacto con Uds.
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Hoy vamos a plantear un tema que sigue causando aún preocupación un muchos adolescentes, pese a que en estas épocas se suele abordar con más libertad el tema de lo sexual. Vamos a tratar acerca de la masturbacion.
Que la gente se masturbe sucede desde la prehistoria misma. En el desarrollo de la mayoría de las personas se registran episodios de masturbación. Pero esto no siempre se reconoce públicamente. Una cosa es lo que alguien diga privadamente y otra lo que se atreva a decir en forma pública. Todavía existe un cierto anatema con respecto a este acto. Así, en las sociedades occidentales todavía sigue el intento de denigrar la masturbación como práctica válida y se la suele asociar con una perversión enfermiza, pero raramente como algo normal.
Hace unos años cuando recién llegaba a Salta me censuraron un programa que hacía por el canal local para divulgar temas de psicología. En esa ocasión la temática elegida era justamente la de la masturbación. Seguramente las rémoras sociales y la pacatería y doble moral sexual del entorno que llevan todavía ahora a considerarla como pecaminosa, tuvieron que ver con la decisión de no poner al aire lo que yo había preparado. En esa ocasión no afirmaba otra cosa que la masturbación es algo natural, cosa que consideraron que la población salteña no estaba preparada para escuchar.
A veces los prejuicios llevan a manejarse con conceptos que no son sólo ya de otra época sino que han quedado desacreditados por los aportes de la psicología y de la medicina. En este sentido hace ya décadas que desde estas ciencias ha dejado la masturbación de ser considerarda una anomalía. Cuando en ocasión de la mastrubación aparecen algunos desequilibrios psicológicos está más bien asociado a alteraciones psicológicas previas o a la culpa que por cuestiones o educativas produce el acto en quien lo practica.
Si aparece la culpa lo indicado es bucear en su posible causa.Generalmente aparece ligado a la educación que cada uno ha recibido, pero para una evolución sana se tiene que superar estas barreras culturales.
La masturbación es una conducta tan natural y saludable como tantas otras de la vida cotidiana. De hecho no debería producirnos culpa.
Lo que la gente del canal no pudo asimilar es que yo afirmaba en ese programa, de acuerdo a los aportes de la psicología, que era que es más sano masturbarse que no masturbarse. Me refiero, claro está, especialmente a la etapa adolescente y a ocasiones en que no se tiene compañero/a sexual. Los estudios indican que las personas que no se permitieron la masturbación tuvieron más dificultades para iniciarse en la vida sexual que aquellos que sí lo hicieron.
Pero todavía la masturbación no tiene buena prensa en nuestra sociedad ni aún si se practica en forma libre y alejada de toda compulsión. No se comprende del todo que es la forma en que la naturaleza va preparando el aprendizaje y el desarrollo de la sexualidad.
Muchos mitos circulan en nuestra sociedad sostenido por las personas mayores, como que la masturbación debilita a la persona, trae problemas a la vista, provoca anemia tuberculosis... y otras cosas más (como que le surgirían a las personas pelos en las palmas de las manos). Sería lamentable que padres o abuelos sigan recreando estos prejuicios pero en muchos hogares el "terrorismo sexual" toma el lugar de la educación sexual.
De hecho las teorías sobre las "perturbaciones" que traería la masturbación no tiene ningún asidero científico: la práctica repetida, reiterada, de la masturbación -vale repetirlo- no trae ningún tipo de transtorno. Es más: es una práctica normal en cualquier edad, estadio y situación de las personas siempre y cuando se de en un ámbito de privacidad.
La masturbación es una forma de conocer el propio cuerpo y sus reacciones.
Es la práctica sexual más segura para impedir contagios y produce un gran placer ligado a las fantasías con que va asociada.
Freud relata en su obra como en otras épocas para evitar que los niños se masturben se usaban correas con que se ataban las manos de los varones para evitar que de dormidos se masturbaran.
Afortunadamente esa forma de encarar la sexualidad quedó atrás y hoy día está bastante extendido en ciertos círculos de la población que encaran la sexualidad e una forma desinhibida que aun en el ámbito de la pareja y en ciertas circunstancia, la masturbación mutua podría llegar a ser una de las posibles formas en que la pareja se relacione sexualmente.
Una pregunta que suelen formular los adolescentes es qué es lo normal en términos de frecuencia. Eso depende de cada organismo. Existe en el cuerpo humano un mecanismo llamado "homeostasis" (:la capacidad para reestablecer un equilibrio). Cuando la persona está satisfecha, por ejemplo, deja de comer. Lo mismo pasa con la satisfacción sexual. El adolescente se maturbará tantas veces como necesite para llegar a sentirse totalmente satisfecho. En ese sentido no existen los "peligros" que se supone (anemia, por ejemplo). El cuerpo es sabio y pone sus propios límites.
Bueno... esto es todo lo que tenía para decir en esta entrada. Los espero para la próxima. Seguramente no mediará tanto espacio intermedio como esta vez.
¡Los espero!
Saludos.________________________________________________________________________________________
viernes 11 de mayo de 2007
Hola nuevamente:
¿Cómo han pasado la semana? Aquí en Salta Capital con muchísimo frío ¡y eso que estamos en otoño! Al parecer nos espera un invierno helado...
Hoy vamos a hablar sobre la vejez y a tratar de desarmar determinados mitos que la sociedad ha ido armando a lo largo del tiempo respecto a esta etapa evolutiva.
Si hay psicólogos o counselors que estén leyendo el material y quieran enviar sus colaboraciones ¡serán bienvenidas!
También cualquier lector puede escribir a: consultoripsicologic@galeon.com para hacer llegar las mismas. Si resultan de interés general gustosamente las publicaré.
Saludos cordiales.
Miguel Angel.
LA VEJEZ
Una referencia obligada cuando se habla de este tema es el clásico
ensayo de Simone de Beauvoir, que a partir de datos aplastantes subraya el lugar de marginalidad a que este sector de población está condenado.
El anciano, en nuestra sociedad, al quedar fuera del ciclo de la producción, resulta totalmente desvalorizado frente a los demás. Y así se pierde toda la potencialidad que aún puede tener una persona de edad, capaz de brindar sus experiencias y su fuerza laboral.
Es común encontrar en la gente de edad una actitud de resignación y hasta de espera de la muerte. Como si los últimos años de la vida no merecieran ser vividos. Así, todo se posterga o se deja de lado, porque, se dice “yo ya soy demasiado viejo” o “yo no puedo” o “lo que no hice hasta ahora...”
Hay una serie de prejuicios sociales en torno a la vejez a los cuales la gente de edad no escapan; al contrario, son los primeros en tomarlos e interiorizarlos. Por eso la participación en un grupo en donde se pueda hablar de toda esta problemática, posibilita toda una toma de conciencia acerca de que, como todas las cosas, la vejez también tiene su lado bueno.
Las pérdidas propias de la vejez no siempre son fáciles de elaborar. Compartir juntos tales situaciones en un grupo ayuda a poder al fin aceptarlas, no ya con todo el peso de lo inevitable, sino como algo que pasó, por mas que al principio el dolor fue lo característico.
El grupo encierra todo un potencial terapéutico que manejado por la persona experta en la dinámica de grupos, lleva a resultados a veces muy difíciles de lograr o hasta inalcanzables en un tratamiento individual.
Sería importante que la sociedad tomara conciencia de la problemática del anciano tratando de incorporarlo cada vez más y no de excluirlo.
La persona de edad encuentra en el grupo un marco de contención, un lugar que le permite compartir sus experiencias con otros, sintiendo que lo que le pasa no le ocurre sólo a él. También lo motiva para seguir manteniendo intereses que hasta ahora consideraba impropios de su edad, o que ni siquiera se los permitía pensar. Cosas que en definitiva le permiten seguir interesado en la vida, porque la vejez no es la muerte. Es un momento de la vida, aunque hay que reconocer que es una etapa final, de término.
Si esto le resulta tan problemático a ciertas personas de asumir, la consulta con un especialista puede ayudarle a focalizar adecuadamente la problemática y ayudarle a encontrar las respuesta que en esta etapa tan crítica, a veces no se puede encontrar por sí solo.
Muchas personas de edad reaccionan ante su propia sexualidad con sentimientos de culpabilidad y vergüenza, mientras que algunas de ellas deciden que la capacidad sexual ha desaparecido y se declaran arbitrariamente incapacitados sexualmente. Es típico en este caso el enojo o la obstinada negativa a discutir el tema. Detrás de esta posición hay un esfuerzo por evitar la ansiedad acerca del sexo.
La vergüenza y la culpabilidad son sentimientos que provienen de las experiencias infantiles y familiares y de las búsquedas sexuales de la niñez que tan a menudo son confusas y perturbadoras. La gente que pasa los sesenta a menudo fue criada en una época de moral victoriana y es posible que haya recibido buena porción de información sexual errónea., que se haya sentido culpable ante cualquier excitación sexual que tuviese, y que contara con muy pocas probabilidades de obtener respuestas satisfactorias a sus interrogantes si es que se atrevía a plantearlos. La cultura de aquel entonces insistía en que la niñez carecía de sexualidad y que cualquier expresión normal de ella era objeto de castigo. La masturbación estaba estrictamente prohibida. Se alegaba que las ojeras eran el signo de una masturbación a escondidas y surgió un atemorizante folklore según el cual las manos se marchitaban y caían si se las utilizaba para la estimulación sexual.
Una importante y errónea creencia que aún conservan de su niñez mucha gente de edad, consiste en que demasiada actividad sexual reduce la potencia y disminuye las reservas de semen, lo cual por supuesto no es verdad.
Por todo este clima de represión sexual que vivieron durante su niñez, a la gente de edad se le hace difícil entregarse a una expresión libre e impulsiva.
Otra cuestión es que algunos hombres y mujeres en los cincuenta, sesenta, setenta años, a veces muestran un accionar de viejo o de vieja, como de inválidos que se tambalearan sobre sus piernas. Tienen una imagen rígida, estereotipada y asexual de lo que debe ser una persona de edad y representan ese papel con empecinada determinación. El “actuar de persona vieja” les permite evitar responsabilidades hacia otros y hacia ellos mismos y provocar simpatía.
Algunas personas de edad avanzada deciden que son feos o indeseables y comienzan a odiar el aspecto que tienen. Realizan frenéticas tentativas para parecer jóvenes pero se deprimen ante la falta de probabilidades de alterar significativamente su apariencia.
Algunas veces, la respuesta airada de la gente de edad a su propia inhabilitación sexual y social consiste en una hostilidad hacia los más jóvenes. Todo el mundo ha oído las amargas amenazas de “verás cómo es cuando seas viejo” o “espera a llegar a mi edad y ya vas a ver”. También pueden llegar a caer en una mojigata crítica de la sexualidad, tanto de sus propios contemporáneos como de los jóvenes.
Muchos hombres y mujeres de edad hacen una autogratificante profecía de fracaso sexual. Agobiados y desmoralizados por el poco atractivo cuadro que pinta la sociedad de los últimos tramos de la vida, se declaran literalmente vencidos sin hacer ningún ensayo o garantizan su propio fracaso cuando tratan de efectuarlo. Anticipar el fracaso es provocarlo. Si alguien se cree poco atractivo tiende a volverse así. Y si se cree sexualmente inelegible, es probable que esquive las oportunidades que puedan conducir al encuentro social y sexual.
La jubilación suele traer aparejada complicaciones emocionales. Estar juntos las veinticuatro horas es difícil para cualquier persona de cualquier edad. Esta intimidad ininterrumpida produce una mayor presión, motiva y hace que los problemas se agudicen. Aunque uno goce con el otro y contemple esperando las perspectivas de la jubilación, esta constante proximidad puede consternarlo, desconcertarlo o irritarlo. Es esencial buscar el equilibrio entre el tiempo compartido y el tiempo en soledad para que cada uno encuentre su lugar.
Hay una mitología alimentada por la mala información que rodea la sexualidad de las últimas etapas de su vida, según la cual se presume que el deseo sexual decae automáticamente con la edad; que comienza a declinar cuando entramos en la década de los 40 y que sigue el descenso entre los 60 y 65 años.
Muchas personas creen que el sexo termina con una edad avanzada. Pero eso no es cierto. Las personas de edad, con relativa buena salud, que gustan del sexo, son capaces de tener actividad sexual y a menudo hasta una época muy avanzada de su vida y aquellos que padecen de problemas sexuales pueden frecuentemente ser ayudados desde lo psicoterapéutico.
Salta Capital, Viernes 11 de Mayo de 2.007.-
domingo 29 de abril de 2007
¡Hola! Al fin de nuevo con Uds después de pasar un poco más de una semana desde la última actualización. Incluyo aquí tres artículos míos más que espero les resulten de interés. Los que quieran consultar pueden hacerlo a través del correo electrónico: consultoripsicologic@gmail.com Saludos cordiales.

¿DEBEN LOS HIJOS CONOCER LAS DIFICULTADES ECONÓMICAS DE
SUS PADRES?
La aceptación de que hay cosas que no podemos hacer o tener es fundamental para la maduración psicológica de un niño. Habría muchos menos hijos con problemas si los padres pudieran enfrentarse ellos mismos primero con la propia realidad.
En ese sentido es muy nociva la conducta de algunos progenitores de no participar a sus hijos
acerca de las dificultades que tienen, pues esto implica una imposición de vivir de
espaldas a la realidad.
Así, no poder comprar un automóvil, se justifica diciendo que “ese auto es una porquería” y que sólo lo compran los estúpidos, cuando la realidad es que no se lo puede adquirir.
De cualquier modo, los hijos saben que eso no es verdad. Si en cambio se dijera: “Es un auto bárbaro, me encantaría en verdad comprarlo, pero eso no está a mi alcance”, se ayudaría a interiorizar que la honestidad para con uno mismo y los demás es muy importante y se los pondrá en mejores condiciones de afrontar las limitaciones que todos tenemos en la vida.
A veces estos padres, frente a un pedido de sus hijos, se autojustifican de cualquier modo, en vez de traer a colación sus verdaderas dificultades, que son económicas.
Pareciera que los padres tienen miedo de descender de su pedestal si le comunican al hijo sus dificultades financieras. Pero pierden de vista que el hijo siempre encuentra que sus padres son estupendos si asumen sus debilidades y carencias sin ampararse en justificaciones absurdas.


IMPORTANCIA DE LA ORIENTACIÓN VOCACIONAL.-
Para el adolescente que llega al final de sus estudios secundarios constituye una gran preocupación la elección de carrera. O, al menos así se da, en el caso de jóvenes responsables y problematizados por su futuro ocupacional o vocacional. De repente, estos adolescentes se encuentran con que tienen que elegir, cuando hasta ese momento muchas de las cosas que a él le convenían eran decididas por sus propios padres. Ahora se enfrenta a una de las elecciones más importantes de la vida: la que va a ser su dedicación durante el resto de su vida.
En el desarrollo evolutivo del sujeto se van dando sucesivos intentos en lo que hace a la elección de la actividad laboral. Pero, no obstante, puede ocurrir que el adolescente, terminado el secundario, se encuentre ante un callejón sin salida, sin saber qué carrera seguir.
El concepto de vocación no tiene que ver con algo que mágicamente viene desde las musas; al contrario, la vocación es algo que se va construyendo.
Justamente por eso, elegir es algo tan problemático: hay que optar por algo que no conoce todavía del todo. Se supone que quien elija, por ejemplo la carrera de Medicina, tendrá sobre ella una visión un tanto parcial al comienzo; sólo a medida que la vaya cursando la va a ir conociendo a fondo y se va a afirmar su vocación... o no.
Por otra parte, elegir es problemático porque implica quedarse con algo, pero perder otras tantas posibilidades. Por eso una de las fantasías más comunes ante alguien enfrentado a una elección profesional es la de seguir TODAS las carreras, como modo de negar que se pierde algo (es decir: uno elige una carrera, pero al mismo tiempo desecha todas las otras en las que en algún momento pudo haber pensado).
El proceso por el cual el psicólogo pretende ayudar a su consultante en esta área, se llama "Orientación" pues lo que el profesional hará será indagar en la interioridad de la persona para que pueda encontrar su propio camino, en lo que a ocupación se refiere.
El psicólogo ayudará a descubrir; en ningún caso prescribirá recetas, apuntará a soluciones mágicas o dictaminará acerca de la carrera más indicada para el consultante. Porque de este modo lo único que se lograría es satisfacer una expectativa y nada más. El psicólogo, en el intento de hacer crecer intelectual y afectivamente a quien lo interroga, hará aportes que tiendan a movilizar en este sujeto sus propios recursos a los efectos de que se vuelvan operativos y logre lo que hasta ese momento no había podido hacer: elegir.


REPRESIÓN POLÍTICA Y EXILIO.-
El exilio fue una problemática que afectó en la Argentina a toda la comunidad, ya sea a quienes debieron emigrar como a quienes quedándose fueron sometidos al silencio y al aislamiento.
El tratamiento de este tema supone aludir tanto a cuestiones personales como a aspectos colectivos o sociales. En relación a esto último, la conocida situación de represión política organizada fragmentó el cuerpo social. Hasta tal punto que paulatinamente los líderes populares, los promotores sociales, los militantes políticos, los creyentes con compromiso social, los curas conocidos en ese momento como “tercermundistas”... quedaron, a través del secuestro y la desaparición forzada, totalmente neutralizados. La imposición de una política neoliberal fuertemente dependiente del único centro hegemónico de poder (E.E.U.U.) destinada a sofocar la expresión popular, producir continuos ajustes a la economía y sacrificar el futuro de grandes masas de población, es viable gracias a que aquellas voces fueron acalladas. El conformismo, el miedo, la resignación, el sometimiento, son la nota que hoy domina la tónica social, pese a las manifestaciones, los “piquetes” y las protestas cotidianas.
Volviendo a lo que fue la época del exilio, de alguna manera todos hemos sido exiliados ya que quien se quedó también quedó aislado, por la necesidad subjetiva de quedar afuera de una realidad demasiado dolorosa o amenazante.
En relación a los fenómenos psicológicos que el exilio y “desexilio” producen, cabe señalar que no hay exilio, no hay un retorno.
El por qué de la partida, en qué circunstancias se produce, a qué edad, a qué país se arriba y por qué, si el exiliado ha partido solo o con su familia, si se han encontrado con un grupo conocido a su llegada, qué grado de inserción ha logrado realizar, los éxitos y fracasos de lo realizado durante el exilio, la repercusión del mismo en la familia, los motivos por los cuales se decide el regreso, la responsabilidad social con que se encuentra a la llegada, son todos elementos que en la singularidad confluirán en la determinación de una mayor dificultad o facilidad en el proceso de integración.
Pero siempre habrá un corte. Algo se ha interrumpido con demasiada brusquedad permaneciendo la sensación de que algo se ha perdido en algún lado, de que hay algo irrecuperable. Frente a la distancia que existe entre el país fantaseado y el país reencontrado , el retorno se coloca en un lugar intermedio plagado de frustraciones: se había idealizado el retorno, pero se comienza a idealizar lo abandonado. La sensación de que quizá lo perdido era mejor dificulta la elaboración de un proyecto, pone en evidencia un mecanismo que ya se había instrumentado al llegar al nuevo país, y que ahora lo toma justamente como objeto de nostalgia. Había nostalgia en el exilio, hay nostalgia al retornar, nostalgia de un tiempo anterior cuyo objeto principal quizá no sea un país sino un cúmulo de experiencias interrumpidas, un proyecto social que no se concretó.
Por eso, en el momento del retorno se dispara una fantasía de “tiempo congelado”.
“Nada ha ocurrido en este tiempo”, se dice la persona que enfrenta esta problemática. Se busca un reencuentro con lugares, familias, amigos, como si aún fueran los mismos y como si quien retorna tampoco fuera diferente de quien se fue. Se hace difícil comprender los procesos vividos por quienes se quedaron, percibir y soportar los cambios: se intenta forzar la imagen actual hasta hacerla parecerse a la imagen de lo que se dejó y fue recordado durante tantos años.
Pero ahora hay dos cortes, dos partidas: la del exilio y la del retorno; y con ellas la sensación de vida en etapas y sin continuidad. Una sensación de extrañamiento acompaña este proceso, un contraste entre lo conocido y lo desconocido, entre lo fantaseado y lo que se encuentra.
Las exigencias de una realidad actual difícil se potencian para quienes deben “metabolizar” simultáneamente un pasado y un futuro igualmente difíciles.
De la misma forma, se debe enfrentar y contener el proceso sufrido por los hijos, para quienes en muchos casos el exilio se produce verdaderamente en el momento del retorno, ya que sienten como su país aquel en que nacieron, crecieron o pasaron varios años de infancia o adolescencia.
En cuanto a la dimensión colectiva del exilio, muchas veces se ha caído en el peligro de poner excesivamente el acento precisamente en la problemática subjetiva que acabamos de reseñar. Pero no es casual: ese fue el efecto esperado y calculado por el aparato represivo: que pensemos y expliquemos lo social desde lo individual; es lo colectivo lo que nos muestra que lo excepcional era ley, que la arbitrariedad no era azar.
En una época relativamente reciente, después del ascenso del gobierno democrático, tuvo mucha vigencia la discusión en torno a los que se fueron y a los que se quedaron. Tal discusión fragmenta, divide. Los que se quedaron se enfrentaron, es bueno reconocerlo, a un exilio interno, no menos doloroso que el otro. Así, estas experiencias comunes permiten hablar de un saber común a ambos, un saber que deberíamos recuperar como modo de impedir la fragmentación del cuerpo social que aún hoy parece continuar y que sin duda es el principal objetivo de la represión política.
A tantos años de ocurrido el golpe militar queda evidente hoy que esta fragmentación ha servido para la imposición de un modelo político de salvaje dependencia. Lo que interesa hoy es sobrevivir, no importa a costa de qué, aun cuando eso suponga hipotecar el futuro de los propios hijos. La oposición política de las bases es muy débil y lo que interesa fundamentalmente es consumir y tener un bu
en pasar, frente a ideales de otra época que son visualizados como “utópicos”.
...Bueno, esto es todo lo que tenía preparado para esta nueva entrada. Los espero en una nueva para la próxima, aguardando seguir con la adhesión de Uds a este blog. Ya es mucha la gente que ha entrado y espero que los lectores se sigan sumando.
Un saludo desde Argentina.
¡Hasta la próxima!
lunes 16 de abril de 2007


¡Hola a todos! ¿Qué tal? ¿Cómo han pasado la semana? Un saludo especial a mis alumnos que me han comentado que entran al blog buscando orientaciones ya que son papás o mamás, ávidos de información. Espero que, al igual que Enrique, se vayan animando a dejar sus comentarios, inquietudes o preguntas.
Saludos y a seguir leyendo.
Los testículos se encuentran en el canal inguinal y bajan a través de él a la bolsa una vez que el niño ha nacido o a los pocos días del alumbramiento.
Pero no siempre suele ocurrir así. En estos casos excepcionales estamos ante una criptorquidia, ante lo cual el médico suele aconsejar una consulta posterior para considerar qué se va a hacer ante esta situación. La solución puede radicar en inyección de hormona u operación quirúrgica. Hace años se esperaba a que el niño fuera grandecito para solucionar esta dificultad, pero hoy día se encara esta problemática tempranamente. Es el médico quien mejor asesorará en este aspecto.
Con respecto a lo psicológico, es evidente que un chico con una tal inferioridad física se sentirá disminuido ante sus compañeros, y evitará ocasiones que lo pongan en evidencia, por ejemplo, la desnudez en un gimnasio o ante una práctica deportiva en los vestuarios.
Esta inferioridad orgánica, si no es solucionada a tiempo, puede dejar huellas imborrables que lo marcarán en el desarrollo de toda su personalidad: en general niños tímidos, con dificultad para los contactos interpersonales que se sienten disminuidos en todo como consecuencia de su constitución orgánica.
Hay que tener en cuenta la significación que nuestra cultura adjudica a los genitales, sobre todo masculinos. Es como que allí estuviera asentada la masculinidad, y posiblemente tropiece con muchas dificultades para la constitución de su identidad como varón.
Además hay un riesgo derivado de lo físico: como la temperatura en el interior del cuerpo es distinta a la que los testículos tienen estando en su lugar en la bolsa, esto puede traer como consecuencia la esterilidad, con lo cual la problemática psicológica se acentúa más, ahora ante la imposibilidad de tener hijos.
Para terminar, es importante que los padres den a este problema el lugar que tiene, y si no han sabido valorar en su momento esta problemática pueden acercarse al hijo dándole la ayuda que sin duda está esperando: la consulta con un médico y de ser necesario, también con un psicólogo.

Muchos padres acceden a dejar que sus hijos duerman con ellos como modo rápido de evitar escenas, llantos u otras escenas molestas para ellos. Pero sería mejor dedicar el tiempo necesario para manejar la situación de modo más adecuado y negarse, porque a la larga esto no es bueno para la evolución del niño. O aún el hecho mismo de permitirles pasar a la cama matrimonial, tampoco es bueno.
En el tratamiento de un niño que se hace pis en la cama, investigando suele descubrirse que duerme con los padres o en la misma habitación que ellos. No hay que olvidar que el chiquito es un ser sexuado, que desde que nace va teniendo una evolución sexual, que si todo va bien desemboca en la sexualidd adulta.
Un niño, por más chiquitito que sea desarrolla sus propikas fantasías con respecto a lo que puede ocurrir sexualmente entre su papá y su mamá. Y si duerme en la misma cama de ellos o incluso en la misma habitación, se convierte en testigo directo de la sexualidad e sus padres, lo que lo sobreexcita sexualmente. Su cuerpo y su mente será objeto de una tensión sexual que evolutivamente todavía no está en condiciones de elaborar. Se excita mucho. En la imag inación del niño, su pis es el equivalente del semen. Al sumirse en el sueño tan excitado, tiene erecciones y luego se hace pis, como único modo de canalizar tanta excitación y lleg ará así en el sueño a una realización fantaseada del acto sexual que terminará con el pis.
A veces ocurre que el papá se levanta temprano para ir a trabajar y entonces la mamá queda sola en su cama y el niño aprovecha para ir a ocupar ese lugar. Incluso hay mamás que promueven esta situación, que lo invitan al niño. Lo apropiado sería que la mamá peuda negarse excplicando que ese es el lugar del papá, que pese a que no está físicamente, para ella es como si estuviera.
Si no, el niño fantasea que él puede reemplazar al papá al lado de su mamá y se pone en marcha una fantasía sexual de la que el niño es consciente pero que tendrá sus efectos en una enuresis o en algún otro síntoma.
Para finalizar, digamos que el control de esfínteres, o en términos más sencillos, el hecho de que el chico pueda pedir para hacer sus necesidades, por una razón de maduración, sólo puede llegar a instalarse entre los dos años y los dos años y medio. Una exigencia temprana de la madre en este sentido puede ser muy perturbadora para el pequeño, y entre otras dificultades no es raro que ocasiones la dificultad posterior para controlar la orina o las heces.
Hasta los cuatro años no se considera a esta dificultad como síntoma. Después de los cuatro años se impone una consulta con un psicólogo, pues esto es señal de que algo anda mal en el desarrollo del niño. Puede pasársele espontáneamente, pero como la problemática básica no fue hablada, no fue analizada por nadie con el niño, entonces se asegura la aparición de algún otro síntoma asociado, en el futuro.
En muchas ocasiones la condición socio-económica del grupo familiar o las dimensiones reducidas de la vivienda que se habita son cuestiones a tener en cuenta cuando el bebé duerme en el mismo cuarto que los padres. Pero, cabe decir, que aún en tales casos, cuando los padres llegan a comprender las implicancias y las motivaciones psicológicas de una tal conducta, se sienten lo suficientemente motivados como para intentar algún cambio: poner a dormir al bebé en otra habitación con los hermanitos, hacer una nueva habitación pese a las escasas posibilidades... u otras alternativas también posibles.
A veces los padres suelen querer justificar que el bebé duerma con ellos en el hecho de que aún éste es muy pequeñito o que de noche puede llorar y no escucharlo si está en otra habitación, contigua. Con respecto a lo primero, el bebé está en condiciones de dormir en el cuarto contiguo a la habitación de los padres si ya ha gozado del contacto suficiente con la madre en la clínica, y si si se ha ido separando gradualmente de ella. Con respecto a que puedan o no oírlo al bebé durante la noche si llora, es sabido que entre la madre y el bebé se establece una comunicación muy especial si la relación entre ambos no está perturbada: la mamá puede dormir profundamente pese a los ruidos circunstanciales (automóviles que pasan por la calle, charlas a viva voz de los vecinos...) pero la menor molestia del niño expresada en llanto será suficiente para despertarla, aún puerta mediante.
Si han puesto al bebé en la habitación de al lado es importante que la puerta obviamente esté cerrada. Con esta separación se pretende que la sexualidad de la pareja no invada al niño, manteniéndolo en una perjudicial sobreexcitación. Y si se deja la puerta entornada, no hay tal separación y todo sigue casi como antes.
Un niño bien atendido durante el día puede dormir seis o siete horas sin alimentarse después de la segunda semana. Poco a poco ese intervalo puede llegar a ser de ocho horas. Un bebé de un mes puede dormirlas y dejar dormir a sus padres. En la medida en que se respeta el sueño de la noche, más horas estará despierto durante el día: los estímulos e intereses del mundo le irán facilitando el desprendimiento del vínculo único con la madre.
Un niño pequeño puede soñar con algo que le asusta, puede haber despertado sobresaltado a consecuencia de algo que aconteció durante el día, puede sentirse solo y temer estar abandonado. La sola aparición de la madre, sonriéndole o simplemente tranquila, le permite dormirse de inmediato. Si los llamados prosiguen, no obstante esta actitud tranquila de los padres, hay que pensar que se trata de un síntoma y debe consultarse acerca de cuál es el conflicto que ha producido el trastorno, para solucionarlo
En los bebés cualquier tipo de medicamento para dormir no sólo está contraindicado sino que es completamente ineficaz. Si un niño no duerme bien hay algo en su manejo que está equivocado y hay que buscarlo con la ayuda de un psicólogo. Puede suceder que la alimentación empiece a ser insuficiente y que el niño tenga hambre (aquí intervendría el p ediatra) oi que su ritmo de vida no sea el adecuado a su desarrollo. Sólo una paciente observación puede llevarn os a encontrar la causa, que a veces es insospechada para la madre.
Para tener una idea acerca de si una exigencia es exagerada o se instala muy prematuramente, es preciso saber cuál es la edad en que un chico puede llegar a tener control de esfínteres.
Esta edad es la de dos años / dos años y medio, que es la etapa en la que el chico ya ha adquirido una suficiente maduración y dominio de su cuerpo como para que esta exigencia se convierta en lógica. De lo contrario se provoca toda una situación de efecto contrario al deseado, es decir se facilitará que al chico se le haga sumamente difícil superar esta etapa.
A veces determinadas circunstancias conducen a la madre, la mayoría de las veces, sin que ella se dé cuenta clara de su conducta, a hacer usar pañales al bebé aún cuando ya es grandecito. Esto es de algún modo un mensaje que inconscientemente manda la madre al bebé, y que éste suele captar claramente. Como esta es una etapa en que la comunicación predominante es la no verbal, capta perfectamente todo aquello que nosotros creemos pasaría imperceptible para él. Y al captar este deseo de la madre: que él siga siendo pequeño, responde en consecuencia, manteniendo conductas de otras épocas, entre las cuales puede entrar el hacerse pis.
El hecho de que un chico se haga pis encima y no pueda controlarse puede responder a muchas causas. Dependerá del chiquito en cuestión del que se trate, porque justamente ninguna persona es igual a otra.
La mamá o el papá que seductoramente tratan de mantener al bebé en la cama matrimonial o en la habitación de ellos, pueden no darse cuenta de que una insatisfactoria relación de pareja, en muchos casos es lo que está haciendo que el afecto que debería ser puesto en el cónyuge sea desplazado hacia el bebé. En esos casos más vale que cada cónyuge deposite el afecto en quien corresponde, para bien de todos, de la pareja y del mismo bebé.
El caso más común es el del bebé que se hace pis luego de nacer un hermanito. En estos casos los papás suelen captar la mayoría de las veces el sentido del síntoma. Y en tales situaciones, es conveniente que en palabras sencillas se le plantee lo que los papás intuyen: que ellos sospechan que está celoso por esta personita más chica que viene a ocupar un lugar importante, y que por eso en un intento de conservar su lugar privilegiado se vuelve lo más posible parecido al hermanito, p.ej. haciéndose pis. Claro, en estos casos, es importante que esto no sea transmitido como reproche, sino como una explicación que pueda servirle al hijo para comprender algo que le pasa y comprende por qué. También es importante en este caso asegurarle que el afecto de los papás sigue inalterable. Que al más chiquito se le va a prestar más atención, pero simplemente porque está más desvalido, que este mayor caudal de atención es el mismo que cuando chico se le dio a él. Y que no significa de ningún modo que por ser mayorcito, a él se lo haya dejado de querer.
Vamos a considerar ahora algunas cuestiones relacionadas con el factor evolutivo.
Hasta los 28-30 meses, el varoncito puede orinar en erección. A partir de esa edad, por una cuestión de madurez fisiológica, ya no podrá, lo que representa una terrible frustración para él.
A partir de que esto le sucede al pequeño, se le instala una pregunta que necesita le sea respondida.. ¿Por qué le sucede a él eso, qué le pasa? Y más frustrado se sentirá cuando ante la ausencia de explicación la mamá le prohíbe tocarse o lo que es peor aún le pide que haga pis en erección. Y así, cuanto más quiere, menos puede. Esto también forma parte de la educación sexual. La educación sexual es tardía si sólo se da en la adolescencia. Aún teniendo tan corta edad, hay una pregunta muda en el varoncito y que tiene que ser respondida. Es importante que el papá lo tranquilice, que le haga ver que a todos los niños de su edad les ocurre esto, que nada malo ha sucedido en su cuerpo, que lo que le ocurre forma parte de su crecimiento. Es importante esto de decir al niño que él no es el único a quien esto le sucede; que uno ha sido como él y que todos los hombres han sido así.
Con esta etapa del desarrollo surge el orgullo viril. Y es importante que el chiquito se sienta apoyado. Sino, ocurre lo que es habitual que ocurra: el varoncito se hace pis en la cama. ¿Por qué? Porque durante todo el día, urgido por lo que los adultos le inculcan como prohibido: tocarse los genitales, entonces está muy pendiente, muy temeroso de tocarse. Pero en la noche, esa erección que ha sido impedida todo el día vuelve a tomar para él toda su importancia y luego de ella, se hace pis como modo de negar que ningún cambio ha sucedido. ¡Si después de todo no es nada anormal que un chiquito se toque sus genitales y obtenga un cierto monto de gratificación con ello! ... así como en otra época lo obtenía tocando su boca, por ejemplo.
Sino, ocurre como con las personas hambrientas y que carecen de medios para alimentarse: sueñan con buenas comidas por la noche. Es evidente que si durante el día hubiera podido comer , a la noche no soñarían con manjares.

lunes 2 de abril de 2007

Hola amigos: Aquí va una nueva entrada de este blog, que espero les resulte tan interesante como las anteriores. El criterio ha sido hasta ahora incluir tres artículos de psicología por edición y creo que como esto está funcionando muy bien como está, conviene dejarlo de esta manera. Afortunadamente es cada vez mayor la gente que entra al blog, nada más que no todos se deciden a dejar un mensaje. He puesto un contador que me permite ver la cantidad de gente on-line, cada vez que entro al blog, y me sorprende cuando abro el navegador que siempre hay gente leyendo. ¡Enhorabuena! Espero que los que entraron y les ha gustado lo recomienden a su lista de contacto, familiares o amigos .

¿Por qué los niños son agresivos?
El mismo interrogante sería igualmente aplicable a los adultos, ya que la agresividad es uno de los componentes de la conducta humana. Toda persona tiene agresividad, aunque no la muestre. Hay que hacer notar al respecto que la ésta, como instinto inherente a la especie no es igual a violencia. La agresividad es normal, innata, connatural al ser humano. La violencia es la forma anormal de expresar ese instinto básico.
Hay sujetos que tienen una especial dificultad para demostrar su agresión, lo cual es nocivo, porque finalmente esta destructividad se vuelve contra sí mismo y no es raro que en estos casos aparezca una sintomatología anclada en el cuerpo. En este sentido, la agresividad es necesaria para evolucionar.
Muchos chicos no saben defenderse, pues hasta ese momento siempre alguien se anticipó a la defensa; se anticipó a actuar por ellos. En vez de enseñarles a defenderse, los defienden.
En cuanto al niño, todo chico tiene momentos de enojo (todo niño equilibrado). Y cuando no los expresa con palabras, lo hace a través del cuerpo.
La agresividad implica un compromiso entre algo que nos gusta y algo que no nos gusta, algo que rechazamos. Y a veces el chico responde con un golpe a aquello que no le gusta.
Expresarse agresivamente es una forma de lenguaje. La agresión tiene siempre un significado; siempre se quiere decir algo con ella.
El chico tiene que ir separándose de la mamá a medida que crece e ir constituyéndose como una persona con determinado sexo y determinada edad. La agresividad le sirve aquí al niño para poder tomar distancia de ese otro y definir su lugar como persona. Por ejemplo: jugar solo en su habitación. Si alguien interfiere en este proceso de distanciamiento, el chico puede cometer agresiones, pelearse, patear, insultar, gritar...
A veces hay una identidad para el chico entre juego y agresión Cuando dos chicos juegan a pelear y se les dice “no peleen” lo que se les dice es que dejen de jugar. Cuando juegan, limitan la agresión, no pegan fuerte. Sucede que como cualquier otro sentimiento, la agresión tiene canalizaciones socialmente permitidas. Y jugar a pelear no está socialmente reprimido. Como con todo juego, el niño elabora así broncas y frustraciones.
Mostrarse tranquilo, carente de agresividad no es siempre sinónimo de equilibrio en un chico. Lamentablemente la educación tradicional alienta el tipo de comportamiento pasivo; se elogia al chico “buenito”, que está siempre quieto, que nunca pelea, con lo cual se genera un círculo vicioso a través del cual entra en un estilo de apatía cada vez más marcado.
Para algunos docentes pareciera ser que la agresión es mala y el sometimiento es bueno. Pero estos chicos que se encierran en sí mismos y no se defienden, no muestran el retraimiento sólo en eso. Comúnmente también les falta la agresividad necesaria para crear.
Como todo, el tema de la agresividad tiene sus matices. Hasta aquí queda expresado como una cosa buena para el desarrollo del niño, favorable para su crecimiento y para la creatividad. Pero si todas las respuestas de un niño son agresivas, es pertinente preguntarse por qué no puede expresarse de otra forma.
Los chicos repiten modelos de agresión que reciben del mundo adulto. Modelos de agresión que muy frecuentemente reciben de sus padres y también aunque en menor grado, de los mismos medios de difusión. Aquí puede surgir el interrogante de si un chico que proviene de una familia en donde el modelo de relación es la agresión, también él va a responder agresivamente. Una persona es una combinatoria de factores individuales y sociales, aparte de la relación con los mismos padres. La interacción de todas estas variables van a dar un resultado que no se puede prever de antemano. Pero en términos generales podríamos decir que una familia muy agresiva puede generar un chico con iguales características o por lo contrario un chico que a la larga sea un sometido.
El chico que reprime su agresividad puede caer en conductas muy desorganizadoras que muchas veces lo lleva a enfermedades psicosomáticas.
Y el chico excesivamente agresivo, generalmente es objeto -justamente por esta forma de relacionarse que tiene- de mucha agresividad por parte del medio, lo que genera un círculo vicioso en donde la agresión siempre se ve incrementada.
En cualquiera de los casos, la consulta con un psicólogo o, de ser necesario, un tratamiento psicoanalítico, son capaces de restituir el equilibrio perdido.

Maltratar a los hijos pegándoles está recomendado para todos aquellos que quieran convertir a sus hijos en neuróticos.
También cuando crean que las situaciones de violencia que proporciona la vida cotidiana no son suficientes como para producir inestabilidad emocional.
Para conseguir el objetivo de que sus hijos enfermen de este modo, estos padres deben prodigar estos “bellos” ejemplos con la frecuencia suficiente como para conseguir a corto plazo unos hijos angustiados, agresivos y resentidos. No deben asombrarse o preocuparse, sino congratularse, ante las perturbaciones psíquicas de sus hijos, que buen esfuerzo les habrá costado desarrollar.
En los países cuyas legislaciones conceden especial importancia a los derechos del niño, aún existe otra motivación pertinente: los padres deberán aplicar castigos corporales de cualquier grado, cuando deseen afrontar un juicio por abuso de atribuciones, perder la custodia de los hijos o, en último término, pasar una temporada en ambiente sombreado y viviendo a cargo del Estado.
Los padres que dan una paliza a sus hijos les ofrecen una elegante demostración de cómo superar las tensiones, relajándose mediante una actividad física, no necesariamente deportiva.
Quien castiga a un niño debería meditar en el hecho de que está sometiendo físicamente a alguien que no tiene la misma capacidad de respuesta que él. Lo lógico sería enfrentarse a alguien que tenga las mismas posibilidades de respuesta que uno mismo. ¡Si se nos pasa por la cabeza, hay un instante de reflexión en el cual pensamos en las consecuencias que tal acto nos acarrearía! ¿Por qué no pensar entonces en las consecuencias de nuestra violencia para con nuestros hijos?
Y al decir violencia nos estamos refiriendo a todo tipo de maltrato. Porque hay padres que no pegan físicamente pero lo golpean con palabras, y a veces más contundentemente aún. Hay padres que se complacen continuamente en decirles a sus hijos que no sirven para nada, que para qué los habrán traído al mundo, lo que representa un golpe terrible para la autoestima del niño, quien tras escuchar eso día tras día podría terminar en una profunda depresión, con imprevisibles alcances para el resto de su vida.
LA AMIGDALECTOMIA Y LA OPERACIÓN POR VEGETACIONES.-
Toda intervención quirúrgica produce temores y ansiedades. Con más razón si el protagonista es un niño. Como primera medida es importantísimo decirse con claridad que la intervención se le realizará porque es importante, cuándo y en qué condiciones.
Servirá de ayuda hablarle en un tono desprovisto de angustia, preparándolo a lo que va a ser su post-operatorio; informarle que no va a poder beber ni comer inmediatamente después de la operación.
El chico operado de amígdalas entra en una profunda regresión porque se encuentra de nuevo en un estado de gran indefensión, similar al que tuvo después de nacer.
Por tanto, se debe respetar su derecho a quejarse e incluso decir cosas agresivas contra el cirujano, sin hacerle reproches. Se facilita así una verdadera descarga de toda la angustia que el niño siente.
Es importante que la madre esté al lado del niño una vez que éste haya sido operado. Será muy tranquilizador para él contar con su madre, que estará allí para hablarle, contarle, referirle cosas de cuando él era pequeño. No es posible esperar el mismo resultado tranquilizador con otra persona que no sea la madre. Claro que si la madre no está porque ha muerto o porque la pareja parental se ha separado, la esposa del padre, si tiene una buena relación con el niño, puede asumir esta función.
El niño que no puede restablecer el circuito oral porque sufre y no puede afrontar la situación, es todo oídos a una voz de estilo maternal que le vuelve a hablar de cuando era pequeño y le dice que “en tres días va a estar reestablecido por completo”.
La amigdalectomía es una operación de especial significación para el niño. Es una operación anergizante, es decir, que priva al niño de toda su energía y lo sumerge en las pulsiones de no tener ya deseo de vivir porque la garganta es el sitio más valorizado como productor de placer hasta los tres años y es ahí que el niño está herido.
Lo que hemos dicho es válido para la amigdalectomía, es decir para la operación de amígdalas. Pero en cuanto a las vegetaciones, la operación es sólo traumatizante para los padres, en absoluto para el niño si los padres no son muy ansiosos.
La criatura respira como quiere, mejor aún una media hora después de la intervención quirúrgica.
Se indica descanso para el niño para no correr el riesgo de una hemorragia.
Para finalizar: en toda situación traumática que le toque atravesar al niño, lo más importante es que se pueda llegar a comprender el sufrimiento por el que pasa, poniéndole palabras a lo vivido. El niño, en una operación de amígdalas entra en un profundo estado de regresión, y si una madre angustiada no sabe cómo manejar la situación, esas pulsiones de muerte que invaden al niño pueden derrumbarlo por mucho tiempo, por lo menos hasta la pubertad, con retardo, complicaciones familiares y regresiones en cadena.
Ya en el final, espero que les haya resultado no sólo de interés sino de utilidad lo que se ha desarrollado hasta aquí. Te animo a navegar por los links que en esta entrada ponemos, diferentes a la anterior. Seguramente te van a interesar. Y, como siempre, espero tus comentarios. Tanto yo como los lectores del blog, muy agradecidos.
¡Hasta la semana que viene!
martes 20 de marzo de 2007
MOTIVOS DE CONSULTA


LA ADOPCIÓN
Existen en torno a la adopción prejuicios y tabúes, pese a que este fenómeno es tan viejo y tan natural como el nacimiento biológico y existe desde que el mundo es mundo.
Las parejas padecen de una serie de temores frente a la decisión de la adopción. Algunos de ellos asociados a toda la “problemática” que supone la imposibilidad de tener hijos biológicos y otros a la futura conducta como padres.
Uno de los temores más frentes es el “fantasma de lo heredado”, es decir, el terror a la herencia genética depositada en la posibilidad de cualquier síntoma o rasgo en el área corporal y también psicológica.
Los padres adoptivos temen además el momento de decirle la verdad al niño sobre su origen. Existe el miedo a que el niño los abandone para buscar a sus padres biológicos.
Comunicarle al niño la verdad implica nada más y nada menos que la posibilidad que nosotros tenemos o no para admitir la realidad de nuestra vida, con todas la posibilidades y limitaciones. El niño que crece en un ámbito de verdad, sea adoptado o no, tiene posibilidades de salud y de felicidad a su favor . Ser hijo a adoptado en el ocultamiento , nacer de un repollo o de la cigüeña son situaciones que pueden dañar y dañarnos.
Es frecuente que al niño adoptado se lo coloque en una situación de “pobrecito” porque es adoptado.
Generalmente esto lleva a criar un hijo de una manera diferente, tratando de no frustrarlo, otorgándole privilegios y falta de límites que determinan características que luego erróneamente serán atribuidos a la herencia biológica.
Un niño adoptado no es un niño diferente, sino uno como cualquier otro, con las mismas posibilidades de ser o no ser como producto de la familia que lo cría y le da su amor.
Ser hijo biológico o ser hijo adoptado no es la esencia del tema. Lo importante es ser hijo y ser amado.
LA RELACION DE LA MAMÁ CON SU BEBÉ
Separar al bebé de su madre inmediatamente después del nacimiento significa la ruptura brusca de una íntima relación que ha durado nueve meses y cuyas características no se volverán a repetir en la vida del sujeto y serán sin embargo permanentemente añoradas.
Las experiencias con lactantes muestran que si bien la boca es la zona más adecuada para que el bebé establezca su primer contacto con el mundo, ya que necesita alimentarse para vivir, no basta la boca, ni el ser alimentado.
Lo ayudamos a vencer su angustia de separación si inmediatamente después de nacer lo ponemos en contacto con la madre y favorecemos la iniciación de la succión. En la medida en que el pecho que se ofrece al niño satisface sus necesidades y alivia sus tensiones, el mundo exterior irá significando algo placentero hacia el cual se dirigen sus intereses.
Todo lo referente a la primera relación con el hijo es fundamental para el desarrollo ulterior. Cuando separan a una madre de su hijo después del parto, algo se pierde definitivamente en el contacto para con él.
Cuando a las veinticuatro horas, a la mamá le traen al bebé, algo del calor que la unía a él en su vientre, ya se ha enfriado. Si por el contrario, se lo dan enseguida, podrán ambos reencontrar algo de la íntima unión que tenían a través del cordón.
La primera semana en la clínica o el hospital debe ser ampliamente aprovechada para ese íntimo contacto con el hijo. Por eso se convierte en totalmente contraindicado la tan habitual separación en los lugares dedicados a la atención de las parturientas, la madre y el hijo.
Un bebé de quince días puede quedar solo algunas horas en el día, pero no puede, sin riesgo de empobrecimiento, quedar solo al nacer, ni a las veinticuatro ni a las cuarenta y ocho horas después del nacimiento.
Cuando un niño nace, él y la madre necesitan intimidad, protección y cuidado. Es el peor momento para que una madre se esfuerce en establecer contacto con muchas personas.
En cuanto al uso del chupete, cuando se ha establecido el ritmo de alimentación, ya podremos saber si el bebé necesita o no del chupete. Desde ya que no debemos adelantarnos a dárselo antes de saber si es necesario. Si entre los períodos que está sin mamar el bebé manifiesta ansiedad, malestar o llanto continuado, puede pensarse en la necesidad de dárselo. Cada niño nace con una determinada situación de necesidad y puede serle útil esa succión suplementaria, no para reemplazar la otra, sino para satisfacer el remanente de ansiedad que parece haber quedado.
Algo que se convierte generalmente en un problema es el llanto del bebé, al que se pretende acallar llenándolo de comida. Pero no siempre es por hambre o falta de succión que llora un bebé. Muchas veces está llorando y descontento y es suficiente hablarle nuevamente o levantarle unos minutos o cambiarlo de posición para que se restablezca su bienestar. Sólo cuando hemos agotado los recursos debe darse el chupete, o cuando por circunstancias de la organización familiar no se dispone realmente de tiempo necesario para estudiar sus necesidades.
Cuando el bebé llora y la madre no comprende lo que necesita, y más aún, se siente incapaz de razonar sobre lo que pueda necesitar, podemos hablar de inhibición de una función. Esta inhibición puede alcanzar grados extremos o ser sólo pasajera. Es frecuente, por ejemplo, que cuando un bebé llora la madre piense siempre que lo hace por hambre; cuando se le ofrece comida y ésta no los calma, actúa como si su hijo fuese sólo una boca que come y no sabe ofrecerle otra cosa. Es frecuente que un bebé que está plácidamente instalado succionando el pecho deje bruscamente el pezón y llore desconsoladamente, ante lo cual la madre suele sentirse tan aterrada como el bebé. Si tiene un buen contacto con su hijo, lo dejará llorar un rato, lo tendrá contra sí, no lo forzará a comer, y cooperará a que se calme para ofrecerle otra vez el seno. Si pertenece, en cambio al otro tipo de madre, o no ha comprendido ese conflicto, se empeñará en ponerle nuevamente el pezón en la boca, sin pensar que en ese momento éste puede significar para el niño algo que lo ahoga. Con esta actitud puede la madre crear un nuevo problema en el hijo, pues habiéndosele forzado a comer en estas circunstancias vomitará lo que le han dado.
Muchas madres se pregunta qué hacer con el bebé que llora por la noche. La única posibilidad es atenderlo, pero la forma en que se le atiende es decisiva para la evolución de esa dificultad. Si la madre o el padre acuden al llamado dispuestos a comprender lo que ha pasado, es posible que el llanto cese y no vuelva a despertarse en toda lo noche. Cuando se ha decidido atender a un niño que se despierta en la noche, hay que tomar el tiempo necesario. Si se pretende solucionar el conflicto rápidamente sin estar dispuesto a tomarse el tiempo suficiente para ello, lo más probable es que éste en vez de solucionarse se agrave.
Un niño pequeño puede soñar con algo que le asusta, puede haber despertado sobresaltado a consecuencia de algo que aconteció durante el día, puede sentirse solo y temer estar abandonado. La sola aparición de la madre, sonriéndole o simplemente tranquila le permite dormirse de inmediato. Si los llamados prosiguen, no obstante esta actitud tranquila de los padres, hay que pensar que se trata de un síntoma y debe consultarse cuál es el conflicto que ha producido el trastorno y hacer todo lo posible para solucionarlo.


EL NIÑO QUE “NO COME”
Es muy habitual como motivo de consulta la problemática del niño “que no come”. Lo curioso es que la mayor parte éstos no presentan alteraciones en su desarrollo físico, de lo que se deduce que el aporte nutritivo que reciben es el correcto.
Por tanto debería aclararse que esta expresión “niño que no come” no es del todo feliz o correcta, porque si no comería nada, enfermaría gravemente y hasta moriría.
En la mayor parte de los casos se descubre una problemática que más tiene que ver con los padres que con los propios hijos que traen a consulta. Solamente un reducido número de estos niños precisarán un psicoanálisis individual encaminado a la solución de su problemática.
Lo más conveniente es que en las entrevistas iniciales el psicólogo trabaje con los padres para juntos comprender por qué están tan ansiosos por algo que no es un problema.
Dado este primer paso, ya sí se puede hablar de una forma general con respecto al niño inapetente. Pero si los padres del niño no alcanzan antes a comprender por qué se angustian tanto, es imposible que puedan llevar a la práctica estos conejos:
· Los padres de estos niños no deben convertir las horas de comida en un drama. Hay padres que están constantemente pendientes de la cantidad de alimento que consume o deja de consumir el bebé. Y esto en sí mismo puede ser suficiente estímulo para que el chico rechace la comida, que puede ser una de las horas más desagradables de su día. Porque en muchos casos cuando el chico no se pliega al deseo de los padres suele sobrevenir un castigo y el consiguiente llanto del niño y el malestar de todos.
· Los padres no deben convertir la hora de la comida en algo desagradable; han de estar serenos y neutrales.
El chico se va a ver impulsado a consumir lo que su organismo necesita. Ni más ni menos.
A veces este tipo de padres tiene una historia muy traumática con respecto a la comida, que se remonta a la infancia con sus propios padres.
Cuando esta parte de la historia pueda ser rescatada a través de las entrevistas con el psicólogo, si este es el caso, al poder establecer una relación de causa-efecto, las cosas vuelven solas a la normalidad.

Los espero en la próxima con nuevas entradas interesantes que dan cuenta de los motivos más frecuentes acerca de los cuales la gente suele consultar. No olviden poner su comentario en el blog. Se los agradeceré muchísimo. Por ahí me han comentado que entran pero al no dejar nada escrito, no es eso lo que le parece a la persona que entra a la página. Desde ya muchísimas gracias.

domingo 4 de marzo de 2007
MOTIVOS DE CONSULTA

Te sigo esperando en: "SIN DISTANCIAS".
Ingresa a_ http://contestatarios.googlepages.com-
Me estoy refiriendo, claro está, a nuestra radio. Escúchala: enviando informes de recepción ganas un libro electrónico.
¡Hola! Aquí estoy con esta cuarta entrada agregando material interesante respecto a cuestiones por las cuales se llega a una consulta.
Espero que en esta ocasión dediquen algún tiempo a escribir ya que la última renovación del blog, a decir por la ausencia de mensajes, no ha producido mayor reproducción.
Un blog intenta ser interactivo y ojalá que cada nueva publicación en la web de lugar a esa actividad.
Un saludo.
LA VIVENCIA SUBJETIVA DE SER PADRES, EN HOMBRES Y MUJERES
Es normal que todas las mujeres, frente a la situación de embarazo, sientan temores a lo desconocido, sobre todo si se trata del primer hijo. Por más informada que una mujer esté sobre los cambios fisiológicos que se producen en su cuerpo, hay algo como incomprensible sobre los comienzos de la vida. Y como el embarazo de la mujer se abre a cambios o complicaciones y a acontecimientos que de alguna manera suponen riesgos, se vuelve más vulnerables.
A veces los temores toman la forma de ocurrírsele a la mujer que su hijo va a nacer deforme. De hecho, un 4% de los chicos nacen con enfermedades y sólo un 1% con deformaciones físicas. La mujer suele tener sueños, fantasías y pesadillas de deformidades en su hijo. Esto es normal y universal.
No hay motivo para pensar que una gestación, creada por dos personas, deba ser vivida por una, sólo por la mujer. ¿Cuál es el papel del hombre durante el embarazo? ¿Qué siente? ¿Qué influencia tiene su actitud sobre su compañera? ¿Cómo es en esta etapa la vida de la pareja?
Mucho antes de quedar embarazada, una mujer ya tiene asimilada esta posibilidad de crear una nueva vida. La mujer lo idealiza desde chica cuando juega a las muñecas, poniéndose así en el papel de madre.
Para el hombre, la posibilidad de ser padre es un desafío mucho más abstracto y distante. Por transmisión cultural, nuestro rol en la vida es otro. En relación a la familia, nuestra tarea fundamental, desde la variable que mencionamos, es mantenerla económicamente y, ante la noticia del embarazo se produce en el hombre una primera reacción casi inconsciente que lo alegra. Ha sido capaz de fecundar a una mujer. Especialmente en nuestra cultura, la fertilidad masculina representa emocionalmente virilidad y potencia. Por eso es tan común que los hombres estériles se sientan poco viriles. Pero detrás de esa felicidad que produce demostrarse a sí mismo y a los demás que uno es todo un hombre, pueden surgir sentimientos contradictorios con respecto a ese hijo futuro. Esos sentimientos se evidencian en amor, rabia, irritación, alegría, resentimiento o satisfacción.
La primera reacción de la mujer respecto al marido es la de no esperar demasiado de él. Desde niña aprendió que en materia de sentimientos no se puede esperar mucho de los hombres. “Ellos no tienen sensibilidad para ciertas emociones... ¿Por qué esperar entonces que se sensibilicen con el embarazo?” Hay una realidad concreta: el hombre no siente en el cuerpo la sensación que produce la evolución del bebé. Sin embargo, y sin exigir que compartan desde el cuerpo esta sensación, el nivel de compromiso que un hombre puede evidenciar durante los nueve meses es mucho mayor que el que rescata la cultura.
Si el hombre es muy dependiente de su pareja, espera ser para su mujer el único objeto de amor, el único que merece atenciones y cariño. Ante el embarazo siente que un pequeño intruso llega para compartir con él sus privilegios. Se siente dejado de lado.
Si por el contrario, quien es muy dependiente es la mujer, si está acostumbrada a ser en la pareja el objeto de atención y cuidados por parte del hombre, si es frágil o insegura, es ella quien siente miedo a perder atenciones o privilegios. Teme ser menos querida, cuidada o protegida que antes.
Tanto en hombres como en mujeres el temor puede asumir los más diversos grado de intensidad. En todo caso se ve al bebé como un rival que viene a perturbar el amor de la pareja.
Aunque para engendrar un hijo, la contribución del hombre y de la mujer es idéntica, es la mujer quien va a sentir dentro de ella al bebé, quien le va a dar luz y quien lo va a amamantar. Esto es lo real y motiva que muchos hombres sientan una franca envidia ante esta potencialidad femenina.
Pero si bien él no puede llevar al hijo en su vientre, tiene todas las potencialidades de vivir el embarazo a través de su mujer. En este sentido la comunicación de la pareja es fundamental.
Cuando un hombre se permite dejar de lado esquemas machistas para mostrar su lado tierno y afectivo, el embarazo puede llegar a ser uno de los momentos más ricos en la vida de la pareja.
En la medida en que la madre conoce las necesidades del hijo y las satisface, éste se desarrollará normalmente.
No todas las madres tienen esta percepción; muchas n o comprenden las necesidades de su hijo y, en relación al movimiento por ejemplo, lo obligan a un régimen de inmovilidad y falta de estímulos produciendo así invariablemente un niño neurótico.
La importancia del primer año de vida ha mostrado ser trascendental; los primeros pasos del niño serán la pauta de sus primeros pasos en el mundo y todas sus primeras experiencias marcarán su desarrollo ulterior.
El primer año de vida y en especial el período que comprende la segunda mitad de éste y los comienzos del segundo año, se caracterizan por un aprendizaje múltiple y convergente con la adquisición de logros que conducen a un cambio fundamental frente al mundo externo, cambio tan significativo como el de nacer; el niño se pone de pie, camina, habla y se produce el destete.
Cuando el niño camina, se mueve libremente y dice algunas palabras, está en condiciones de elaborar el aprendizaje del control de esfínteres. No es sólo porque este desarrollo lo facilita, sino porque cambia el significado que para él tienen la orina y la materia fecal. Hasta ese momento, la necesidad de ensuciarse se satisface con las materias fecales y orina, que son para su inconsciente, además, los instrumentos de omnipotencia sádica destructiva. Otros objetos y actividades irán reemplazándolos lentamente.
En la experiencia de psiquiatras y psicoanalistas de niños, todo niño con enuresis ha tenido un control de esfínteres temprano que lo priva de una necesidad instintiva e incrementa su noción de maldad interior; además lo angustia por la inseguridad que la postura y el aprendizaje en el orinal exigen de él cuando todavía no tiene un control muscular suficiente.
Si el aprendizaje del control de esfínteres se instala con la exigencia interna de limpieza se hará fácilmente y se elaborará sin dolor.
El bebé necesita movimiento porque es una necesidad corporal y psicológica que reviste especial importancia. El movimiento le permitirá explorar el mundo exterior, aliviando de ese modo la ansiedad.
Cuando el bebé muestra necesidad de movimiento, hace fuerza por incorporarse, intenta tomar los objetos cercanos a él, es necesario satisfacerle esas necesidades. Éstas pueden presentarse en un niño antes que en otro, y es la observación afectuosa de sus reacciones la que nos dará la pauta del estímulo que necesita.
Ya en la segunda mitad del primer año, el niño necesita explorar el mundo y además alejarse de su madre, para preservarla de sus impulsos a destruirla con los dientes, uñas y todos los medios que son inherentes a su desarrollo corporal y normales a su edad. Distribuyendo su agresión, culpa y ansia de reparación en otros objetos, puede guardar su buena relación con la madre. Si no se cumple con la satisfacción de estas necesidades, surgen transtornos y el más frecuente es el insomnio.
Entre otras necesidades, existe en el bebé la de morder, que aparece incluso antes que aparezcan las piezas dentarias, lo que marca una etapa fundamental en su desarrollo; lo que hasta ese momento pudo ser una fantasía de morder y desgarrar, se hace una realidad. La alimentación con sólidos es por eso imprescindible en ese momento, no sólo como alimento, sino para satisfacer su necesidad de morder y canalizarla normalmente.
En cuanto a las ropas del bebé, estás deben ser cuidadosamente estudiadas para que no tenga ni demasiado frío ni demasiado calor y así ayudarlo en la tarea de termorregulación.
Si bien por muchas razones la leche de la madre es la mejor para el niño, tanto desde el punto de vista nutritivo como desde lo psicológico, es interesante observar que durante muchos años se pensó que el niño no alimentado por la madre tendría graves trastornos en su desarrollo ulterior. Actualmente, ante la imposibilidad de que el niño sea alimentado por su madre por diversas circunstancias, sabemos que la alimentación artificial, dada con un buen contacto afectivo y en condiciones físicas que nos acerquen lo más posible a las del amamantamiento, el niño se desarrollará normalmente. También sabemos que un seno con suficiente leche puede ser vivido por el niño como no tan bueno si no se acompaña de un contacto emocional suficiente y de un manipuleo suave.
COMO PUEDE AFECTAR A LA RELACION DE LA PAREJA LA LLEGADA DE UN BEBE
La vida de un hijo no puede anular la de los padres y tan peligroso como el abandono es someter la vida a un cuidado obsesivo y ansioso del bebé. Sólo resentimiento puede resultar de este tipo de relación. Las vida del bebé no deben invadir la vida de los padres, sino en una medida razonable y necesaria.
Una norma de conducta que se desentendiese de las exigencias reales de la vida de los padres, estará siempre destinada al fracaso.
La necesidad de contacto con la madre se irá haciendo paulatinamente menor en la medida en que el desarrollo gradual de las funciones del yo le den nuevas fuentes de goce en su relación con el mundo. Esto coincidirá con el creciente bienestar de la madre y reconexión gradual con los intereses que perdió durante los últimos tiempos. Principalmente, la unión con la pareja y a través de ella con todo el mundo del adulto. En la medida en que ambos, madre e hijo, se permitan más contacto inicial y más profundo, más fácilmente se irán separando.
Los horarios del sueño debe ser muy respetados. El bebé está en condiciones de dormir en el cuarto contiguo a la habitación de los padres si ya ha gozado del contacto suficiente con la madre en la clínica y si se ha ido separando gradualmente de ella. Esta necesita dormir y saber cuáles y cuántas son sus horas de sueño, lo cual no es sólo bueno para ella sino también para el bienestar de la pareja.
Un niño bien atendido durante el día puede dormir de seis a siete horas sin alimentarse después de la segunda semana. Poco a poco ese intervalo puede llegar a ser de ocho horas. Un bebé de un mes puede dormirlas y dejar dormir a sus padres. En la medida en que se respeta el sueño de la noche, más horas estará despierto durante el día y los estímulos e intereses del mundo le irán facilitando el desprendimiento del vínculo único con la madre.
En los bebés cualquier tipo de medicamentos para dormir no sólo está contraindicado, sino que es completamente innecsaria. Si un niño no duerme bien hay algo en su manejo que está equivocado y hay que buscarlo. Puede suceder que la alimentación sea insuficiente y el niño tenga hambre o que su ritmo de vida no sea el adecuado para su desarrollo. Sólo una paciente observación llevará a encontrar la causa que es a veces insospechada para la madre.
Un momento difícil para ella es la llegada a su casa después de la semana en la clínica. Aunque conscientemente ansía hacerlo, la realidad que encuentra suele desilusionarla. La clínica (sobre todo si acepta el régimen de visitas de familiares y amigos) se transforma en un lugar ideal, en el que otros se ocupan del bebé, lo cual estimula una especie de fuga de la realidad. La casa la enfrenta con la total responsabilidad del cuidado del hijo, sin las frecuentes oportunidades de huirle. Es común que la madre, sobre todo la que no dispone de ayuda, se sienta al principio perdida. Si, en cambio, ha tenido en la clínica un íntimo contacto con su hijo, ha ido poco a poco familiarizándose con él, la llegada a la casa, aunque siempre es difícil, lo es en mucho menor grado.
Es frecuente que el niño que ha mamado rechace los primeros biberones porque el olor asociado al seno de la madre, que ya no está presente, le hace menos apetecible el nuevo alimento. En este caso es la actitud paciente y comprensiva de la madre la única que permite vencer cualquier obstáculo como este que se presente.
El paso a la alimentación más sólida o la inclusión de carne en las comidas puede ser difícil al principio, y el rechazo a masticar y tragar (frecuente en los bebés) es índice de un inadecuado manejo de la agresión.
El movimiento y el juego son necesidades básicas como las del alimento. Alrededor de los tres o cuatro meses, un bebé juega con sonidos (“laleo”) y también lo hace con sus sabanitas o con sus manos. El primer juego que realiza un niño es el de las escondidas o el “laleo” , y en ellos se ve claramente la elaboración del perder y el reencontrar. La actividad del juego se hace posible en el niño a mediados del tercer mes. Si el bebé no tuviese capacidad de simbolizar no podría proyectar en los objetos los símbolos, y la actividad de juego no tendría sentido. Es muy llamativo que el primer juguete sea en casi todas las civilizaciones el sonajero, que al ser movido produce sonidos que desaparecen para reaparecer luego.
Los movimientos y los juegos con juguetes utilizados en el aprendizaje de la realidad y de las funciones corporales se hacen indispensables para impedir la acumulación de fantasías destructoras, que podrían dirigirse a la figura de la madre si el niño está inmóvil.
La observación clínica de lactantes cuyas madres no comprendían estas necesidades del hijo y los obligaban a un régimen de inmovilidad y falta de estímulos, muestra que invariablemente tenían trastornos neuróticos.
Tras el insomnio en los niños, hay un régimen de vida, en todos los casos, caracterizado por la inmovilidad y la falta de estímulos










